lunes, 22 de agosto de 2016

Capítulo XLVI: 4/5; la caída.



 [Nota del autor: Quiero dedicar este capítulo a Ana Torres, quien ilustró con sus maravillosos dibujos el fic. Ana, eres una gran persona. Muchas gracias por todo]

Uno de los momentos más importantes del movimiento paralelo, como le nombró Flammer después, fue el asalto al Castillo Gris, que no era más que un gran complejo de mercado negro ubicado al sur del rio. Cuando Actecmer fue a hablar con Allan, este juró lealtad a la causa, pasar información del ministerio y de todo lo que sirviera para hacer más fuerte a la aun por formar, familia, y así lo hizo. Después de revisar los archivos de investigación del departamento de seguridad mágica, se dio cuenta que ya tenían identificados a quien había causado los destrozos en el ministerio de magia y había secuestrado al primer ministro muggle, también pasó información de cuando harían la misión de rescate y detención, por lo que Flammer aprovechó esta información para adelantarse.
—Ellos planean atacar el día 5, o sea mañana, esto para evitar que en el mundo muggle se sigan las sospechas de la misteriosa desaparición de su cabeza de gobierno. Aquí lo que nosotros haremos será ir dentro de 30 minutos a lo que ellos llaman el Castillo Gris, que no es más que un montón de podredumbre no mágica y mágica, donde se llevaban a cabo grandes tratos de mercado negro, por lo que tendremos que tener cuidado. No solo vamos a enfrentar magos hostiles, también muggles, por lo que cuando el ministerio detecte magia cerca de ellos, llegarán rápido y más sabiendo donde es. El día 5 es cuando menos vigilancia muggle hay, razón por la que esperan ir, sin contar que acaban de usar al jefe del departamento de policía de Londres para llevar a sus unidades lo más alejado posible en un supuesto operativo anti drogas. Se las han arreglado bien, debo admitir, así que deberemos actuar rápido; llegamos, matamos a nuestros enemigos, tomamos al primer ministro, lo llevábamos al callejón a 5 cuadras del palacio de la reina y nos largamos. Deberá ver nuestras caras, al menos la de uno para que nos reconozca cuando lo ocupemos y nos sea más fácil hacernos de su ayuda. —Dijo Flammer, quien estaba de pie, con una cerveza en la mano explicando todo desde un mapa que se movía y cambiaba de posición. —Aquí ocuparé de todos. Iremos los 5. Xavier no nos acompañará porque deberá estar en el ministerio, sin embargo nos ayudará a sabotear desde dentro para darnos tiempo. ¿Preguntas?
— ¿Es de fiar ese tal Xavier? Ninguno lo conoce más allá del recuerdo de cuando fuimos estudiantes y honestamente no fio de nadie. —Dijo Herman, quien se encontraba ahí observando, bebiendo café.
—Aquí lo comprobaremos, sin embargo tampoco bajaremos la guardia. A la más mínima señal de traición, quien sea que lo tenga a punto, acabe con él, pero sólo si demuestra que trata de traicionarnos, ¿de acuerdo? —Preguntó el líder, y todos asintieron. Marian estaba ahí, observando el mapa sin decir nada, al igual que Hada y Anne, esta última sí habló.
— ¿Llevaremos la protección?
—No veo porque no. Sirve que seguiremos haciendo pruebas. Esta vez dos la llevaran, tú y Herman, debido a que son quienes están más vulnerables a una maldición demasiado fuerte, sin embargo ya comprobamos que no hay nada de qué preocuparse. Además, he visto la habilidad de todos y sé que tengo al mejor grupo de magos y brujas que hay, así que esta misión deberá ser pan comido. Ya salimos de un asalto a San Mungo, ¿por qué no acabar con un montón de magos de poca monta que tratan de ser grandes? —Argumento Flammer. Todos asintieron sonriendo.
— ¿Cómo entraremos entonces? —Preguntó Marian.
— Anne y yo iremos por la puerta delantera. Realmente no nos costará pasar en lo absoluto. Tú y Hada, usando las alas, estarán por el este y oeste, respectivamente para hacer dos boquetes que debiliten la estructura, después volaran al techo y desde ahí descenderán para llegar al 8vo piso, dos más abajo del último que es donde están a quienes buscamos. Herman, hará un boquete por detrás, haciendo que la estructura colapse pero deberá lanzar un hechizo de firmeza para que esta se mantenga en pie mientras estemos ahí, ya después subirá hasta el tercer piso, donde estaremos nosotros luchando. Al llegar, el se quedará ahí a cuidar el lugar, mientras Anne sube al quinto y yo al octavo, para reunirme con Marian y Hada. Marian irá a ayudar a Herman y Hada a Anne, yo me encargaré del piso clave, ¿de acuerdo? —Preguntó el chico a sus amigos, quienes analizaron y aceptaron. —De acuerdo, entonces vamos. Llegaremos de manera no mágica para evitar sospechas. —Todos se levantaron y salieron del departamento de Flammer, bajaron y tomaron un taxi que los llevó hasta el lugar predicho.
El Castillo Gris era un complejo de departamentos, oficinas y locales, que todos en Londres sabían era el centro de negocios para las mafias locales, pandillas, cárteles extranjeros y demás negocios turbios que uno se pudiera imaginar. Todo lo que se podía esperar encontrar, desde armas y drogas hasta esclavas sexuales ya fueran menores de edad o secuestradas de otros países, ese era el lugar indicado. Sin embargo no era tan fácil acceder. El primer piso, que era simple piratería y artículos robados, era de acceso al público, pero había que tener sumo cuidado pues en cualquier momento, tus cosas quedaban ahí, a la venta. El segundo nivel se dedicaba al material pornográfico y artículos apócrifo, más peligroso que el primero. El siguiente era venta de armas pequeñas y droga en cantidad moderad, sin embargo, para este piso, debías de decir con quien ibas y a qué. Si el guardia aceptaba llevarte, debías seguirlo sin despegarte. Si el consideraba que eras demasiado sospechoso, te ganabas una golpiza. El piso 4 trataba a la prostitución. A diferencia del 3ro, podías subir libremente guiado por el guardia, quien te dejaba ahí y tu buscabas lo que más te gustaba. El quinto era exclusivo para corrupción de menores, y sólo podías acceder de dos maneras; o era un delincuente muy conocido, respetado o temido, o eras un hombre o mujer de familia rica, de vida pública o de buena posición social. El sexto y séptimo se dedicaba a la venta de materiales de magia oscura, tanto los considerados por los muggles, como por los magos reales. Al acceder a este tenías que comprobar pertenecer a determinada secta o enseñar la varita mágica. Aquí se escondían varios mortífagos de antaño que lograron evitar la captura, ahora viviendo entre muggles, vendiendo objetos malditos y oscuros. El octavo era un complejo de pequeños cuartos, donde muchos llevaban a sus secuestrados, ya fueran muggles o magos. El noveno y el décimo era la base central del crimen organizado de Londres, donde se coordinaban las operaciones internacionales de venta de drogas y armas y de alto poder. También podías llegar a comprar aquí estas cosas, en gran cantidad. Esto quedaba reservado para miembros conocidos de cárteles colombianos, mexicanos, las guerrillas de Irak, las mafias chinas, rusas y japonesas. Este punto era el más peligroso y se necesitaba poder avanzar sin detenerse mientras se atacaba, pues había muchos magos que se ganaban la vida a base de esto y que gracias a su habilidad mágica, habían hecho una fortuna muggle y evitaban la captura. Así dieron las 2 de la tarde, cuando un auto Mercedes Benz, valuado en más de 2 millones de dólares, llegó frente al complejo. Del vehículo bajaron un chico y una chica de no más de 20 años. El hombre llevaba un traje bastante costoso y la chica, un pantalón y un blazer de diseñador. Iban de negro. Entraron a la vista de todos, sin ningún reparo. Cuando llegaron a la escalera, un corpulento hombre negro, clavo y tatuado completamente los vio. Le sacaba al menos 30 centímetros de altura al chico.
— Quiero ir al 5to piso y mi acompañante al 3ro. —Dijo Flammer, sin ningún tipo de reparo, en forma autoritaria.
— ¿Y tú quién eres para pedirme las coas así? —Dijo el hombre negro, mientras todos volteaban a verlo. El sujeto comenzó a mostrar la empuñadura de un arma bastante grande, tal vez sólo para asustar.
—Soy Flammer Actecmer. Heredero de la fortuna de la familia Actecmer. Represento a una «organización» que busca satisfacer a sus clientes norteamericanos con el mejor material que puede haber. Mi amiga, por su parte, busca simple mercancía para las calles. Está iniciando en este negocio y la ayudo. —Dijo el chico, mostrando total seguridad. El sujeto lo vio, pero no dijo nada, tampoco se movió. Flammer, molesto, sacó rápidamente la varita. —Bien sabes que soy, así que o te mueves, o paso por tu cadáver. —El sujeto, entendió rápidamente y les hizo una seña para que lo siguieran. Avanzaron por unas escaleras muy estrechas, con completo olor a orina, cigarro y alcohol, como si de cantina barata se tratara. Subieron hasta el tercer piso, donde Anne se quedó. Ella dijo que buscaría por su cuenta, realmente bastó un confundus para que el guardia no objetara. Flammer, continuó al quinto piso. Al llegar, el negro se regresó y el chico pasó una puerta metálica pesada. Una vez dentro, vio cuartos de condiciones infrahumanas, donde niñas de todas las edades, vestidas como unas prostitutas profesionales, estaban paradas ahí. Hombres observaban a lo lejos. Flammer, caminó un poco viendo todo; en muchos cuartos observaba como hombres gordos y muy mayores tenían sexo con chiquillas no mayores a diez años. También vio preadolescentes con lágrimas en los ojos y otras extremadamente ebrias o drogadas. No dijo nada y camino, hasta que vio a una niña blanca de cabello pelirrojo parada. Bastó un poco de legeremancia para darse cuenta que había sido secuestrada hacía dos años en Checoslovaquia y que desde entonces ese había sido su hogar, lleno de golpes, humillaciones y acciones que ultrajaban a cualquier ser humano. Se acercó a ella y como si se trata de un imán, un sujeto de aspecto desliñado y con acento ruso se le acercó.
—Dos mil euros por una hora con Marruka, podrá hacer lo que desee. —Dijo el hombre. Flammer sacó mil euros en efectivo.
—Al finalizar le doy el resto. Largo. —El sujeto se fue contando el dinero y Flammer entró al cuarto con la chiquilla.
—Escucha, niña. No hare nada. Te dejaré cinco mil euros en la bolsa. Deberás guardarlos tan bien como puedas. Cuando escuches la tercera explosión corre, no te detengas por nada del mundo, sólo corre. Ve a la policía y di que fuiste secuestrada. Tendrás sólo cuestión de minutos. ¿Entendiste? — Chiquilla se quedó completamente muda. Sólo hizo un gesto de afirmación se arrinconó en una esquina de la habitación. Flammer usó el encantamiento brujala y se orientó. Lanzó una pequeña mota de fuego la cual atravesó la habitación y ocasionó una enorme explosión que hizo al edificio tambalearse. Desde abajo se escuchó una segunda explosión, seguidas de dos arriba. En ese momento, Flammer salió y con la mano hizo caer a 5 sujetos que corrían a el. La niña a quien dio el dinero comenzó a correr. Flammer abrió la puerta con la varita y un destello de luz verde salió de esta, impactando en otro guardia, este de color blanco y delgado, que iba con una metralleta. Otro grupo de personas salió, todos armados hasta los dientes, sin embargo con un sencillo movimiento, sus armas se fundieron y cayeron desmayados. Todas las mujeres y hombres que estaban ahí vendiendo los servicios sexuales salieron a ver que pasaba. Cuando vieron al sujeto de no mas 20 años, perfectamente vestido que les hacia una seña de que salieran, muchos se negaron.
—Agente Nikolas Warret especial de la CIA. Salgan ahora mismo a menos que quieran declarar. —Ante esto, todos salieron sin pensar. Flammer observó a su alrededor, notó como el piso quedaba despejado, así que fue a la escalera y comenzó a subir. Al llegar al sexto piso fue recibido con una maldición de piernas pegadas la cual impactó en la pared. Flammer desarmó al sujeto y lo lanzó contra una ventana sellada por tablas. Usando su varita, invocó un fuego maldito el cual despejó la habitación y finalmente se extinguió. Subió al siguiente eslabón donde se encontró con una lluvia de balas que parecía no cesar, pues cuando a uno se le acaba un cargador, el otro iniciaba otro nuevo. Estuvo cubriéndose un par de minutos hasta que lanzó un hechizo de cristales de hielos, los cuales asesinaron a todos los pistoleros que estaban ahí, y sin revisar el resto del cuarto fue al octavo piso donde esperaban Hada y Marian.
— ¿Tuvieron problemas? —Preguntó Flammer.
—Ninguno, sin embargo vi a 5 tipos de túnicas subiendo. Ahí están los boquetes. Calculo que aún tenemos un poco de tiempo antes de que lleguen los policías.
—Bien. Vamos, hagan lo que les expliqué, yo iré al piso 10. —Dijo Flammer y sin protestar las chicas fueron. Flammer subió al piso nuevo, donde fue recibido por cientos de balas nuevamente. Repitió lo antes y subió al diez. Aquí una lluvia de hechizos se hizo presente. Usando un escudo burbuja, el muchacho avanzó dejando inconsiente a sus atacantes, a quienes se les había unido un sinfín de pistoleros. No tardó más de un minuto en acabar con quienes lo atacaban. Exploró rápidamente hasta que encontró a quien buscaba. El primer ministro estaba tapado de la cara y golpeado. Flammer le quitó la tapadera. Él lo vio y trató de gritar.
—Descuide. Usted sabe que soy. Espisky. Ya está. Lo llevaremos a un lugar seguro. Sígame. —Cuando curó las heridas del político, lo llevó camino abajo hasta donde se vería con sus amigos. Salieron a la calle cuando observaron que un destacamento de policía venía. Sin más, desaparecieron, sin embargo una luz roja fue lo último que vieron en la escena. Aparecieron segundos después cerca del Palacio, donde dejaron al sujeto y desaparecieron para ir al edificio nuevamente, el cual se había derrumbado y la policía estaba rescatando víctimas. Nadie dijo nada, sólo se quedaron observando. Flammer estaba ahí, viendo el panorama cuando una explosión muy cerca de ellos ocurrió. Todos los policías voltearon a ver, junto a ellos, y vieron a un conjunto de más de 15 personas con varitas en mano.
— ¡No tienen idea de con quienes se han metido! —Gritó el que iba al frente de todos.
—Bueno, de hecho sabemos que fue con un grupo muy malo de magos que apenas si saben blandir su palito como viles niños de 12 años. —Le respondió Hada, haciendo que rieran, sin embargo la policía ya apuntaba con armas a todos. Anne, lanzó un hechizo escudo burbuja que hizo a los policías quedar encerrados y caer dormidos al mismo tiempo, sin embargo, antes de lograr hacer algo más, una explosión ocurrió cerca de ellos. Anne logró responder haciendo que cayeran un par. Flammer por su parte, hizo que una bola de fuego explosiva impactara justo en el pecho de uno de ellos, matándolo al instante. Un sinfín de maldiciones comenzó a volar por todos lados. Herman se limitó a defender a Marian, quien hizo lo mismo, Hada, Flammer y Anne se dividieron tirando a matar, pues cientos de luces verdes comenzaron a volar por todos lados. El que iba al frente de los atacantes, una mujer de aspecto horrible, de su varita hizo que un rayo de color negro saliera disparado, impactando directamente al pecho de Anne, quien se desplomó, no sin antes haber matado a un par de enemigos. Flammer, al ver esto, asentó el golpe final contra la vieja, quien cayó muerta al suelo. Rápidamente, tomó el cuerpo de su amiga y desapareció, seguido de sus compañeros.
En el departamento de Flammer Actecmer nadie hablaba. El cadáver de Anne Torres de Triskthan reposaba en su habitación. Había quedado con una cara de sorpresa, sin embargo ahora parecía que dormía plácidamente, con su varita en el puño. No podían creerlo, ni siquiera se lograban hacer a la idea. Flammer se levantó y fue por una botella de whisky. La abrió y sirvió 4 copas.
—La muerte de Anne no será en vano. —Dijo el chico, con la voz quebrada y la cara pálida. —Ella creía en la causa y demostró valía y lealtad hasta el final. Es la primer muerte que enfrentamos y me encargaré de que sea la última.
—Jamás morirá, pues mientras nosotros estemos aquí, ella será inmortal. —Dijo Herman, levantándose, quedando de pie al igual que Flam.
—Una vez dentro será para siempre, pues ni la muerte nos ha de separar. —Hada se levantó.
—Por la valentía, el coraje y la lealtad. —Dijo Marian, quien también se puso de pie y levantó su copa de whisky.
— ¡Por Anne! —Dijeron todos al coro, bebiendo el whisky de golpe, con un profundo vacío en la voz.

domingo, 21 de agosto de 2016

Capítulo XLV: Primero



Flammer jamás perdía una sola oportunidad para poder pavonearse de lo que él llama como «Sus bebés», quienes fuimos las personas que buscó después del último deseo que pidió al Ifrit. Aunque si bien, yo no estaba en la lista, de algún modo logramos congeniar y logramos tenernos confianza después de muchos tropiezos. Sin embargo, no se podría decir lo mismo de aquellas personas a quienes buscó. Fue como si hiciera una cacería de brujas, literal. Buscaba a la gente y no le gustaba los no por respuesta, y aun así muchos se negaron a un principio, ya después comenzaron a aceptar sin mayor problema, cuando les enseñó su causa, su visión de cómo debía ser el mundo mágico y por qué se encontraba en esa cruzada contra «La tiranía de quienes desean que seamos como ellos, que pensemos sólo en blanco y negro, haciéndonos creer que el blanco es lo único a seguir, que los grises no existen, cuando son la solución a muchas cosas». Flammer tenía y tiene, finta de político; sabe cómo hablarle a la gente, puede entablar esa empatía para que lo sigan, por eso ha logrado tantos seguidores, aún más que los que logró Voldemort, pues a él lo seguían personas que sabían lo que quería, pero le tenían miedo, no respeto, por eso su lealtad estaba limitada y cuando lo veían débil, escapaban, o así nos lo hizo saber Flam, y tenía razón, aun hoy, cuando Berlín está en ruinas y no tenemos certeza de que pasará, seguimos con él, pues está decidido a poner su estandarte de ideales reales para que todos los conozcan, por eso estoy con él. Y aun cuando sé que me han tachado de ser una simple bruja de magia oscura, yo estoy segura que es otra la realidad. Por ejemplo, cuando fue a hablar con Xavier Allan, un antiguo compañero nuestro, lo hizo completamente solo, pues estaba seguro de que si iba con todos sus amigos, lo sentiría como amenaza, y acertó al ir el solo. Flammer cuenta que cuando llegó a su casa, parecía que Allan ya lo esperaba desde hacía tiempo.
— Vaya, Xavier. No sé como supiste que vendría. Es verdad, siempre fuiste un excelente mago pero aun así dudo que tengas el tercer ojo tan desarrollado como para que vieras a distancia que acababa de llegar. —Dijo Flammer, sentado en la sala mientras bebía whisky junto a su antiguo compañero de colegio.
—No es necesario ser adivino, amigo. Por ejemplo, tengo cámaras de seguridad en mi casa. Son más útiles de lo que muchos magos creen, que en tu caso, sé que no es así.
— ¿Por qué sabes que no es así?
—Mucho se habla estos días sobre el gran Flammer Actecmer, sobre lo que ha hecho y que es un mago tenebroso más tratando de ser un nuevo Voldemort. Pero yo sé la realidad; un mago sangrelimpia, criado entre muggles hasta llegar a Hogwarts y que jamás olvidó todo lo que sabía, que ha tomado todo lo bueno de la vida sin magia y así ha logrado crear una identidad mestiza tan increíble que incluso para muchos es impensable.
— ¿Para muchos?
—Para muchos, no para todos, no para mí. Aprendí muchas cosas de ti, Flammer, durante el tiempo que estuvimos en Hogwarts, el como destacabas por tus grandiosas habilidades mágicas, el que jamás despreciaste a los muggles y que incluso lograste hacer que en muchas personas, como por ejemplo en Hada, una bruja completamente polarizada a las ideas de usar lo que usan los no magos, puedan comenzar a comprender su estilo de vida y todo aquello que rodea a dos sociedades paralelas que viven metros una de otra.
—Hablas como si admiraras el trabajo que hago, lo que represente y lo que soy.
—No lo admiro, lo respeto. Entendí que eras digno de respeto, de temer y admirar cuando en San Mungo tu amigo no murió cuando le cayó aquella maldición asesina. Sé que tú planeaste todo, que has trabajado en ser inmortal. El mundo mágico sobrevive gracias a personas como tú, que siempre buscan sobresalir, no sólo ser unos perros del ministerio.
— ¿Odias tu trabajo?
—A cada minuto. No tienes idea de la vergüenza es que es tener que estar a las órdenes de Potter, tener que soportar las humillaciones de Black, el que piensen que sólo soy un faldero de todos, que no reconozcan mi talento. Esperaba estar a tu lado, sin embargo desapareciste, y nadie supo de ti. Te dimos por muerto, pero aquí estás, vivo y frente a mí. —Dijo Xavier, cuya mirada infundía la profunda admiración y respeto que sentía por Flammer. —Sin embargo, ahora que estás aquí, sé que buscas gente de confianza y lealtad, pues un ejército de 5 hombres apenas si es un batallón.
— ¿Y yo para qué quisiera un ejército? —Preguntó Flammer, sin perder la calma a un solo momento.
—Porque ninguna ideología entra pacíficamente, porque tus detractores jamás te dejaran en paz y tú no desear doblegarte a sus pies, pero sobre todo, porque ya has iniciado la guerra, y ambos lo sabemos.
— ¿Y cómo sé que serás leal hasta la muerte y que no buscarás sólo tu beneficio?
—Porque tú eres quien me buscó, no yo a ti. Porque sabes que soy una persona de confiar y que entragará sus habilidades hacía un líder digno a seguir, porque eres el mago más poderoso que ha surgido, porque ni siquiera el mismísimo Albus Dumbledore habría podido derrorte aun cuando eres joven. Porque No hay nadie que pueda engañarte. —Dijo Allan, que se había puesto de pie. Flammer también se paró, tomó su brazo y pasó el dedo haciendo una cortada en forma de A. —Una vez dentro, será hasta morir por el paso del tiempo, pues nadie puede matarnos. —Flammer lo observó unos segundos y desapareció.
Flammer apareció en su departamento, donde Hada esperaba sentada, bebiendo whisky y fumando.
— ¿Y bien, cómo te fue? —Preguntó ella viéndolo.
—Perfecto. Está dentro. Lo único que espero es que los siguientes 14 sean igual de fácil de convencer. Xavier habla como si siempre hubiera estado enamorado de mi magia. Trabaja dentro del ministerio, así que lo usaremos de doble agente.
—Muy bien, Flam. ¿Querrás que me encargue yo de Corman o lo harás tú?
—No, se lo encargaré a Marian. Quiero saber que tanto tacto tiene para estas cosas. Hace tiempo que siento ya no es la misma. Se ha vuelto más sádica y fría. La hemos corrompido. —Dijo Flammer riendo levemente, mientras se servía alcohol y se sentaba.
—Mejor para nosotros. Sabes que le tengo mucha estima a Marian, pero cuando iniciamos siempre dudé de que tuviera lo necesario para llegar hasta donde estamos, pero ahora se que estaba equivocada, o eso quiero creer.
—Marian es alguien en quien confiar, sin contar que usando su sangre tenemos esa gran ventaja de ser casi casi imparables.  
— ¿Y que nos falla para ser casi en vez de imparables?
—La mortalidad natural, sin embargo trabajaremos en eso. Tenemos bastante vida, literalmente. Nada puede matarnos. —Dijo Flammer a Hada.
—Eso crees. Es necesario hacer pruebas antes de seguir lanzando ataques. Propongo Hogwarts, sólo como prueba de mercado.
—Me agrada eso, sin embargo Hogwarts aun no está en nuestros objetivos por ahora. Necesitamos encontrar a los perros que secuestraron al ministro muggle y matarlos uno por uno. No dejaré que intenten manchar nuestra fama o que se cuelguen de ella.
— ¿Y la lista?
—La comosionaré a Herman, Marian y Anne, ellos sabrán como llevar el asunto.
— ¿Y si no?
—Aquí no hay espacio para los errores. —Dijo el chico, viendo a Hada por el vaso. —De igual manera, si fallan, ellos no tienen idea de que sólo tú y yo sabemos como matarnos. No habrá errores.
—Eso espero. Pero por ahora, hay algo en la habitación que deseo mostrarte. —Dijo Hada, dejando su vaso y botella en la mesa, caminando a la habitación, dejando caer una la blusa, quedando desnuda del torso.

martes, 16 de agosto de 2016

Capítulo XLIV: Secretos.



Recuerdo que por aquellos años, Flammer era ya bastante conocido entre todos los lugares del mundo, no sólo por los grandes avances en la magia que había logrado, sino porque estaba siendo conocido como un mago tenebroso, uno muy cruel y despiadado pero bastante inteligente que estaba usando la magia tenebrosa de un modo nunca antes visto, ni siquiera por los grandes magos oscuros que le precedieron. Y sin ser estrictamente tenebrosos, ni al mismísimo Albus Dumbledore, se le hubiera ocurrido mejor, o fue así como lo citó El Profeta en una de las ediciones que sacó cuando habló del señor Actecmer. Recuerdo también que estaba muy polarizado respecto a su confianza, pues sólo tenía 4 amigos en quienes depositaba toda su fe, los también conocidos magos tenebrosos Hada Delacour, Herman DuMort, Anne Torres de Triskthan y Marian Targaryan, sin embargo conforme comenzó a necesitar de más gente que le ayudara a poder acabar con los enemigos que salían a cada momentos hasta por debajo de las piedras, comenzó a tener más confianza en las demás personas, incluyéndome, fue por una de estas razones que, durante una de las largas noches que pasé con él, me contó cuando se reencontró con un antiguo ser mágica en extremo poderoso, desconocido para muchos magos ingleses, y del que él, asegura, tuvo suerte de conocer gracias a la estupidez de una chica y a la inteligencia de otra. Cuando Actecmer me hablaba de alguna otra mujer con quien estuvo, se me hacía un nudo en la panza y me hacía tener ganas de matarlo, sin embargo ahí estaba, con él, escuchando su relato.
«Estaba ahí, sentado una noche justo después de haber tenido una conversación frente a frente con Harry Potter. Desde que estaba en Hogwarts, sabía que si había de cumplir mi destino a cabalidad, el no podría vivir más, pues necesitaba su varita, y no la horrible que usaba, sino la de sauco, que entre mito y mito, se sabía que él era su dueño real, por lo tanto, cuando le hice saber que cuando tuviéramos que batirnos en duelo, el sería quien moriría, aunque yo estaba seguro de todas mis capacidades, hay un viejo dicho en México el cual dice “Sabe más el Diablo por viejo que por diablo” y es verdad, aun cuando mi poder es casi ilimitado, el me sigue ganando respecto a experiencia, un auror ya curtido que logró vencer, al mago más poderoso de todos los tiempos, es de respetarse, razón por la que llamé al Ifrit que hacía tantos años sólo me había cumplido un deseo.
“— ¿Qué es lo que quieres?— Dijo el ser, de una manera tan despreciable que incluso yo sentí asco por mí, pero sólo fue un momento, pues recordé que era de mi propiedad, pues él jamás supo cómo enfrentar a alguien tan inteligente pero que lo derrotó de una manera tan extremadamente simple.
—Hoy estarás a un paso más cerca de la libertad, pues como sabrás, sólo me quedan dos deseos, los cuales ya sé cómo usaré. Hace años, usé uno de los tres deseos apresándote a mí, para que no pudieras salir hasta que yo te llamara, y ha sido muy largo y difícil no hacerlo, pero ahora que lo hago lo haré simple y sencillo: Deseo tener una lista de 15 personas que hayan estado conmigo en Hogwarts, ya sea de misma generación o en cursos mayores o menores, sin contar a mis amigos Herman, Hada y Marian, que sean dignos de confianza y que estén dispuestos a entregarme su lealtad sin importar nada. —El Ifrit me miró confundido aquella vez, y después de unos segundos, apareció un viejo trozo de pergamino, el cual me entregó en la mano.
—Aquí está lo que habéis pedido; una lista de una decena y media de personas que sean dignas de confiar y que conozcas pues estudiaron en tu misma escuela.
—Muy bien. Ahora el tercero: Deseo que jamás vuelvas a estar a ordenes de nadie, que seas libre y puedas vagar por el mundo como te plazca, con la única condición de que jamás tomes represalia contra mi, mis amigos o con cualquier persona que lleve el apellido Actecmer. —Dije, pues sabía que al cumplir mis deseos, yo debería estar en su cofre en su lugar, me miró y vi como una luz morada brilló en sus ojos y desapareció. Jamás lo he vuelto a ver. Algún tiempo después, me enteré que estaba en Siria, causando algunos problemas a los muggles y que los magos de allá, trataron de detenerlo, claro, sin éxito alguno. Fue un tiempo bastante oscuro, debo admitir, en cuanto tuve lista, no dejamos de buscar a las personas que ahí estaban. Unas fueron fáciles de convencer, otros tuvieron su dificultad y bueno, sabemos que uno de ellos ha sido la peor de todas.» Me dijo mientras me volteaba a ver y rio. Aquellas noches con Flammer eran siempre incomparables. En sus ojos se veía la locura muy bien oculta, pero no de esa que te deja desvariando, sino de cuando puedes matar sin siquiera pestañear, la locura por poder y sed de sangre. Era un sádico, y yo lo sabía. Pero jamás me importó, pues aun cuando llegué a ser parte de las filas del ministerio, el me causaba intereses, jamás supe por qué, pero lo hacía, y cuando me uní a su causa, entendí que no era un mago tenebroso como todos lo decían, era sólo un mago bidimensional, aceptando siempre la unión entre ambos mundos, aprovechando todo lo que pudiera de ambos para jamás perder. Así lo aprendí, y así lo apliqué aun después de la Batalla de Hogwarts, la de Berlin, durante la batalla de la Boda, lo cual aún lo perdono, y tampoco Hada lo ha hecho, pero bueno, sólo él sabe que es lo que planea realmente con eso. Y cuando murió uno de sus amigos más cercanos, fue cuando lo vi von mayor furia y fuego en sus ojos, jamás, olvidaré esa mirada, y el tampoco; La cicatriz que aun adorna su mejilla es un recuerdo de la batalla, o como él lo menciona, su trofeo de guerra, claro, junto al ojo de Potter que aún conserva atado a su llavero. Muchas cosas han pasado desde aquella noche en que me contó su pequeño secreto de cómo logró juntar a todos quienes estuvimos a su lado, de muchos de sus secretos que he sabido, y sobre todo, el mayor y el que aún no hemos logrado resolver, pues jamás lo dijo y sigue sin hacerlo, ¿hay alguien más de apellido Actecmer? Pues su viejo amuleto familiar ha obtenido más poder, y él lo sabe mejor que nadie.