miércoles, 27 de mayo de 2015

Capítulo XX: La marca.



Cuando llegaron a la estación de Hogsmeade y subieron los carruajes, Herman, Flammer y Marian iban callados. Estaban más que consientes que aquella noche era sólo el comienzo de un par de años que perderían la esencia que mantuvieron los otros. Sin Hada, todo se sentía vacío, diferente. Era extraño ir ahí sentados sin platicar, con la mirada clavada en el castillo que antes les dio tantas risas y aventuras como desventuras, ahora parecía que una parte acababa de morir, y sí, tenían razón.
—Vamos, chicos. Debemos animarnos. Sé que es triste que Hada no esté aquí, sobre todo por Flam, pero debemos adaptarnos. Aun nos faltan 2 años para salir y no podremos estar así a diario. —Dijo Herman tratando de levantar los ánimos.
—Sí, bro, pero sabes bien que esto es diferente. No digo que no podremos adaptarnos, pero tampoco estoy diciendo que será rápido y fácil, ¿me entiendes?
—Sí, Flam, te comprendo. Pero bueno, son cosas que pasan. En cuanto acabe el año podremos verla de nuevo y cuestionarle todo lo que pasó en su viaje. Eso es algo positivo de todo esto.
—Y que podrás conocer y hablar con más gente. En los últimos años hemos sido casi tus únicas amistades, Flam. Ahora tendrás eso de tu lado. —Dijo Marian quien tratando de darle ánimo le hizo hacer una mueca.
—Sabes que no soy bueno hablando, aparte, si vienen a buscarme o yo los busco, pensarán que los estoy intimidando o sólo van a querer protección, y bien saben que estoy harto de eso. De hecho Mabel tuvo mucha suerte de que la encontráramos y eso porque la vi tan idiota que me fue inevitable pensar en ella como carne de cañón.
—Ahí vamos de nuevo…—Murmuró Herman porque sabía que Marian no guardaría sus palabras.
—Mira, Flam: Esa niña apenas tiene 11 años. No importa que a tu edad ya tuvieras las ambiciones que hoy te traen y te posicionan en el lugar que tienes dentro de Hogwarts, ella es diferente a ti, ¿entiendes? Es diferente de todos. Debes comprender que aunque tú la veas como «carne de cañón» según dices, yo y Herman diferimos de esa opinión.
—No busco hacerte enojar, Marian, pero sabes a lo que me refiero. Hoy en día es difícil para gente de nuestra posición actual poder acercarse a la gente de manera fácil porque lo primero que pensarán serán diferentes cosas, muchas veces lejos de lo que realmente pretendes. —Dijo Flammer subiendo un poco los hombros y mirando al suelo.
—Sí, eso lo entiendo, pero no todos serán así. Tal vez no todos piensan lo mismo de nosotros, porque te recuerdo que eramos [somos] el cuartero de Hogwarts. Estamos al mismo nivel a la vista de todos.
—El problema es que para mí todos, con excepción de ustedes y unos cuantos más, son basura e imbéciles que no merecen ser tratados.
— ¡Exacto, amigo! —Dijo Herman parándose de un salto y estando a punto de caer. Al volverse a sentar prosiguió. —Tienes un orgullo extremadamente alto, te hace ver a los demás como menos que tú y eso es lo que te está llevando a esta negación. Aunque te molestes por esto que estoy por decir, pero sabemos que es por Hada. Ella te entiende mejor que nadie porque piensa igual que tú, pero es algo que puede ser contraproducente a la larga. Debes tratar de hablar con más gente. Ya lo hiciste antes cuando Hada te lo pidió, ahora somos nosotros quien te lo pide, ¿de acuerdo? —Terminó de decir el muchacho.
—Muy bien, amigos. Ustedes ganan. Trataré de ser un poco más diplomático de ahora en adelante, pero ustedes deben ayudar. Saben que no soy bueno con el trato hacía la gente.
— ¡No, bueno! Eso nos queda claro. —Dijo Marian en un tono sarcástico. —Pero claro que te ayudaremos, para eso estamos aquí. —Dijo y siguieron el viaje rumbo al castillo conversando de cualquier tema que se les ocurría. Al llegar, se fueron Marian y Flam hacía la mesa de Slytherin y Herman a la de Ravenclaw. Estando en la mesa de las serpientes y mientras esperaban el discurso de inicio de año, Flammer se acercó a Mabel Trump, quien estaba sentada mirando a la entrada del Gran Comedor.
— ¿Esperas a alguien, niña? —Preguntó Actecmer en un tono bastante frío, haciendo que Mabel se sobresaltara.
—Sí, Fla… Señor. A mi hermano menor. Ese año es su primero en Hogwarts y estoy anciosa por saber a qué casa lo mandarán.
—Con suerte, tendremos una mujer serpiente de lo que tú eres, pero claro, la fortuna no existe. —Dijo de manera despectiva y seca haciendo que Mabel se incomodara por el comentario. Marian se acercó rápidamente y comenzó a charlar con la niña para hacerla sentir menos incómoda. De un momento a otro, la puerta se abrió y pasaron alrededor de 40 niños y niñas que miraban a todos con los ojos desorbitados. La ceremonia de selección fue bastante lenta porque el sombrero parecía más indeciso que de costumbre. « ¡Garet Trump!» Dijo Neville haciendo que un chico pequeño y tambaleante de cabello castaño se sentara en el taburete. El sombrero apenas si lo rozó la cabeza y nombró la casa de Slytherin como la que le daría cobijo. Flammer se acercó un poco a Marian y le susurró al oído. «Sinceramente espero que este nos sirva más que su inútil hermana. Al menos el sombrero tuvo convicción en mandarlo directamente sin titubear.» Marian no dijo nada, sólo torció la boca.
Los primeros dos meses de clases estuvieron llenos de deberes escolares y de clases más pesadas que de costumbre. Los tres amigos aprobaron sus T.I.M.O.S con calificaciones suficientes para poder seguir cursando sus siguientes materias. Tenían poco tiempo para ellos, hasta el primer sábado de noviembre que se realizó una salida a Hogsmeade a la cual no fueron porque querían practicar un par de horas en la cámara secreta. Sin embargo fueron interceptados de camino por los hermanos Trump, ya que el menor estaba interesado en conocer a los líderes de la próxima gran organización mágica, o según eso le contó su hermana. Flam, desde luego, aprovechó esto para hablar un momento a solas con el muchacho.
—Verás, Garet. Podrás ser parte de nosotros, claro está, pero deberás aceptar «la marca»
— ¿La marca? —Preguntó el niño desconcertado.
—Sí, verás. Como organización, debemos tener un sello personal que nos acredite como únicos entre todos los demás magos del mundo, por esa razón a todo quien quiere ser parte de nuestras filas necesita tenerla, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, señor… ¿Dolerá?
—Sólo al principio, después ni la sentirás. Ahora, muéstrame el brazo. —Dijo Flam. Al tener el brazo del chico descubierto, sacó su varita y sin saber realmente que estaba haciendo, dibujó una F con una letra bastante elegante rodeada de una serpiente. Este dibujo se iluminó como si de una quemadura se tratara y un par de segundos después cesó. —Muy bien, ya está listo. Ahora eres uno de nosotros. No lo olvides. —Dijo y dándole la espalda, se retiró soportando una carcajada. Cuando le contó a sus amigos, recibió el regaño más fuerte que jamás había recibido por parte de Marian, aun peor que los que Hada le llegó a hacer.

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